La nueva dimensión del trabajo desde casa

A medida que pasa el tiempo y más países van avanzando en la desescalada de las medidas de confinamiento adoptadas durante la etapa más dura de la pandemia, empieza a evidenciarse que el mayor experimento de trabajo de la historia ha tenido sus frutos, y que para muchos, las cosas no volverán a ser como eran antes.

Un estudio del U.S. Census Bureau afirma que un tercio de todos los trabajadores norteamericanos y la mitad de todos los llamados «information workers» son susceptibles de trabajar desde casa, y que a alrededor de un apabullante 98% de las personas les gustaría tener la opción de trabajar desde su casa el resto de su carrera profesional. Cerca de dos tercios de los candidatos afirman que el hecho de que una empresa ofrezca alternativas sobre la localización del trabajo (desde casa o en una oficina) es una consideración fundamental a la hora de escoger un trabajo. Y en el otro lado de la ecuación, en las compañías, se manejan cifras de ahorro de alrededor de $11,000 anuales por cada persona que pase a trabajar desde su casa aproximadamente la mitad del tiempo. Para los empleados, el cambio se traduce en ahorros de entre $2,500 y $4,000 anuales si trabajan desde casa la mitad del tiempo, y más aún si deciden mudarse a zonas menos caras o si deciden trabajar desde casa en una proporción aún mayor. De hecho, Facebook, que afirma que la mitad de sus trabajadores podrían estar trabajando desde sus casas en los próximos cinco o diez años, pero afirma que ajustará el sueldo de aquellos que decidan trasladarse a zonas en los que el coste de vida sea más bajo.

Con esas premisas, Google acaba de anunciar su decisión de permitir que todos aquellos trabajadores cuya labor no precise de presencia física en los Googleplex, las míticas oficinas corporativas, puedan continuar trabajando desde su casa si lo estiman oportuno, y tendrán además para ello una dotación económica de mil dólares para reembolsarles la adquisición de equipamiento, sean ordenadores, monitores adicionales, cámaras, o simplemente material de oficina. Según su CEO, Sundar Pichai, la compañía comenzará, a partir del 6 de julio, a adquirir más edificios en más ciudades con el fin de poder ofrecer alternativas para aquellas personas que necesiten o simplemente quieran regresar a la oficina, de manera que, si la capacidad lo permite, se puedan utilizar de manera limitada y rotativa (se calcula en torno a un día cada dos semanas, lo que supondría aproximadamente una ocupación del 10%). La decisión es llamativa en una compañía que, hasta el momento, siempre había intentado atraer a sus trabajadores a la oficina, y donde trabajar sistemáticamente desde casa tendía a considerarse algo poco deseable salvo que fuese en situaciones excepcionales.

Nos disponemos a pasar del «trabajo desde casa porque hay una emergencia» al «trabajo desde casa porque quiero y me gusta, porque he hecho en ella los necesarios arreglos para que sea cómoda para trabajar, y porque puedo seguir disfrutando de las ventajas de una oficina cuando lo necesite». Son varias ya las compañías que han ofrecido a sus empleados la posibilidad de no volver a la oficina si no quieren, e incluso se empieza a hablar de un posible éxodo en Silicon Valley a medida que los trabajadores que provocaron su fortísima gentrificación van pensando en alternativas más alejadas que les permitan disfrutar de mejores condiciones de vida, a precios más razonables, y contribuyendo, además, a mejorar la calidad del aire y de la vida en las ciudades.

En otras industrias y en otras culturas es bastante posible que este tipo de transición tome algo más de tiempo. Pero al final, las tendencias son las tendencias. Y esta, en mi opinión y como llevo muchos años defendiendo, tiene bastante sentido.