Voces que se esfumaron

Pero, ¿Qué pasó con ellos? ¿Dónde y con quién están? ¿Se fueron por su propia voluntad? ¿Estarán vivos o muertos? Esas son apenas algunas de las preguntas que diariamente sus familiares se hacen. Preguntas que hasta hoy nadie ha sabido contestar.
Por cruel que parezca, la sociedad no ha tomado conciencia de la dimensión de la tragedia que implica cada desaparición, ni de la incertidumbre y zozobra que arrastran sus familias. La indiferencia se ha apoderado de la humanidad dejando ver sin filtros la indolencia en la que vivimos.
Las investigaciones solo apuntan a que, ¡Nadie ha visto nada, nadie ha escuchado nada, y nadie tiene mínima idea de nada! Respuesta un poco absurda y difícil de creer para los familiares de aquellas personas que un día sin decir adiós se esfumaron.
Este es el drama de los desaparecidos, que hoy se encuentran bajo la sombra de la más grande incertidumbre que viven sus familiares. Ya son 3 las familias de la región del Ariari enfrentadas a esa dolorosa situación, que, sin lugar a dudas, causa vacío y gran perturbabilidad en sus corazones.
Hace 33 meses desapareció Miguel Ángel Martínez Cardona, si está con vida, debe de contar con 8 años; su desaparición sucedió a plena luz del día, el jueves 4 de junio de 2015, en la finca Buenos Aires, ubicada en la vereda Mogotes, del sector de La Trocha 7, jurisdicción municipal de Fuente de Oro. Con su misteriosa ausencia empezaron a salir a la luz varias anomalías, a las que el pequeño, aparentemente, fue sometido. Una de ellas involucraba a John Fredy Duarte Rincón, de 22 años, compañero sentimental de una tía del menor, con quien vivía al momento de su desaparición.
Tal parece que la inocente criatura era víctima de incontables maltratos a manos de su «tío»: tremendas golpizas con mangueras y con palos, las cuales le dejaban heridas y moretones en su frágil cuerpo, eran el pan de cada día del pequeño Miguel.
De las espantosas tundas del abusivo hombre se derivó que el menor se orinara en su ropa tan pronto lo veía, el miedo se había aposentado en él de manera profunda; tales abusos eran cometidos frente a todos los demás a su alrededor, pero ellos, no se inmutaban ante tal crueldad y no hicieron nunca nada para ayudarlo. Esos indolentes también lo «golpeaban» sentimentalmente con su desdén, y se convirtieron en una suerte de cómplices del verdugo, con su inhumano silencio.
Este caso es, a todas luces, escalofriante y preocupante; sobre todo, al observarse la actitud impávida y casi indiferente y cruel de sus familiares, cuando se les habla de lo sucedido.
Aquel 4 de junio todo cambió para Miguel Ángel, no se sabe si para bien o para mal. Lo que está bien claro es que el infierno que vivía junto a sus tíos llegó a su fin. Ahora se encuentra en un lugar desconocido, del que ni las autoridades tienen todavía ubicación.
Tras casi tres años de su desaparición y pese a la evidente indolencia de su familia, los investigadores no han obtenido ninguna pista del paradero del menor.
Su madre Yuri Andrea Martínez, afirmó que las autoridades no le han querido ayudar con la búsqueda de su hijo. Ella cree que el trabajo que ellas han hecho ha sido insuficiente. «No me quieren ayudar, si ellos fueran otros me colaborarían. Lo último que me dijeron fue que me iban a llamar, y nunca lo hicieron. Mi mensaje es que, por favor, me ayuden, que no me dejen sola. Si yo fuera una persona que tuviera plata, entonces sí me habrían ayudado, así sucede aquí».
Con una tranquilidad un poco exagerada dijo estar segura de que su cuñado fue el culpable de la desaparición de su hijo, y, sin entrar en más detalles, afirmó que nunca lo ha enfrentado porque teme su reacción.
Otra familia que viene librando esta difícil batalla es la de Cristian Fabián Torres Aguirre, de 23 años. Hoy 14 de abril, se cumple un año de su desaparición. Hasta la fecha no se observa el más mínimo avance en la investigación. Su padre, hace algunos meses en el afán de obtener al menos una pista sobre el paradero de su hijo, se dirigió a la Procuraduría; por medio de un oficio solicitó su intervención para que el proceso de búsqueda fuera agilizado. Gracias a eso el caso fue asignado a una Fiscalía especializada de Villavicencio, sin embargo allí tampoco han dado un mínimo indicio de su paradero.
Se recuerda, en línea de tiempo noticioso, que, al momento de su desaparición, (el 14 de abril del 2017), Cristian se encontraba departiendo con un amigo suyo en un bar del municipio de Granada; en ese lugar, según ese amigo, lo vio por última vez. Horas más tarde la Policía y su familia fueron alertadas sobre la presencia de una motocicleta, en las aguas del Caño Sibao, de la capital del Ariari. Desde ese momento hubo gran despliegue de búsqueda, que se prolongó durante tres días; bomberos, Defensa Civil, familiares y amigos del joven, se unieron a la exploración. Todo fue infructuoso, ningún rastro de Cristian se encontró.
Para su padre, Bernardo Torres, su madre, hermano y familiares más cercanos, el dolor sigue siendo el mismo. «Todo sigue igual. Desde el día de su desaparición vivimos en el limbo, una angustia constante, a la espera de que un día alguien toque a la puerta, o suene el teléfono y sea para darnos noticias alentadoras sobre él. Ya pasó Semana Santa y fue muy difícil no tenerlo con nosotros, pero seguimos confiando en que Dios nos va a dar la oportunidad de tenerlo nuevamente», expresó Torres.
De acuerdo con Bernardo, las autoridades en Granada, nunca hicieron nada para buscar a su hijo (Alcaldía, Policía, Gaula, Ejército, Sijín o la Fiscalía que llevaba el caso.
«Nuevamente le pido a las autoridades que se pongan la mano en el corazón y hagan su labor como debe ser. Si alguna persona tiene alguna información de lo que sucedió con mi hijo que se comunique conmigo, así sea una llamada, un mensaje, un papelito por debajo de la puerta de mi casa, que lo haga por favor», finalizó Bernardo.
El 6 de febrero del año en curso, también desapareció Bayron Camilo Cundumí, de 9 años. Su madre Sandra Patricia Cundumí, relató que el pequeño, se encontraba en su lugar de residencia ubicada en el barrio Villas de Granada, bajo custodia de su hermana Paola de 19 años, mientras ella realizaba una diligencia. « ¿Puedo ir a acompañar a mi amigo al parque?», fueron las últimas palabras que el menor dijo a su hermana.
Horas más tarde, el amigo de Bayron que cuenta 14 años, regresó a casa. Sin embargo, no pasó lo mismo con Camilo; su progenitora lo esperó impaciente por varias horas, pero él muchacho nunca regresó.
Su amigo aseguró que ese día mientras caminaban hacia el parque, empezaron a jugar tirándose piedras el uno al otro, cuando de repente Bayron se molestó y sin decirle nada se desvió del camino al parque y se fue como quien va con rumbo al barrio El Popular.
Dos meses después de su desaparición, las autoridades tampoco han dado información sobre su paradero. Argumentan que como en los casos anteriores están investigando, sin embargo el resulta no se ve.
Sobre lo que pudo ser su suerte, apenas se escuchan comentarios, ninguno serio ni sostenible o creíble. Algunos en su momento aseguraron que Miguel Ángel, posiblemente había sido devorado por los cocodrilos al intentar cruzar un caño cercano al lugar donde desapareció, otros afirmaron que lo vieron subirse a un camión con rumbo desconocido. De Cristian por su parte, poco se ha especulado y en cuanto a Bayron Camilo, en una oportunidad se dijo que su cuerpo había sido hallado descuartizado a orillas de un caño. Claramente todo han sido especulaciones sin fundamento.

Son tres casos diferentes, y quizá circunstancias desiguales; pero los tres tienen padeciendo a esas familias, que ansían ver llegada la hora de volver a abrazar a sus seres queridos. Se espera, por el bien de todos, que ese embrollo se pueda desenredar, y que se sepa a ciencia cierta qué pasó y dónde están los desaparecidos. Que no queden ocultos por la sombra de la incertidumbre.