UNA FIGURA LLAMADA DEMOCRACIA

Hay palabras que van perdiendo su esencia y refinamiento hasta que se prostituyen. En Colombia la palabra democracia sirve para hacer una analogía con el «oficio» más antiguo de la humanidad. Ya casi nadie pregona su significado ni su etimología (del griego demo, pueblo; y cracia, Gobierno); es decir, el Gobierno del pueblo.

Pero ya no hay tal. El pueblo ya no gobierna, como lo hizo hace decenios. Ahora apenas es usado, manoseado y burlado; pone los votos para elegir autoridades, pero no participa en el kratos (del griego), o sea en el Gobierno. Luego el pueblo se ha convertido en un convidado de piedra a la hora de la toma de las más trascendentales decisiones para un pueblo,  un departamento, o para el país.

Las castas politiqueras, que sobreabundan por doquier y que convirtieron el ejercicio del sufragio en un negocio personal, en muchos casos maloliente, han crecido como pompas de jabón; hasta «empresas» familiares han surgido como legados políticos para sucederse entre parientes el poder, el cual se consigue en las urnas con engaños y falsas promesas de ayudar a aliviar las pesadas cargas que el pueblo (demo) lleva sobre sus laceradas espaldas a diario. La prostitución electoral marcha al ritmo de la corrupción; quizás la rebasa, porque cada cuatro años millones los colombianos son convidados a elegir a quienes después se convierten, en la mayoría de casos, en sus verdugos.

Los comicios del domingo tienen de todo: buenos y malos candidatos; pícaros con suerte que fueron admitidos como candidatos; caciques de vieja data que chantajean a los empleados públicos y contratistas para que voten por sus «ahijados políticos»; gente cuestionada moralmente, entre otros especímenes. Pero a eso se le sigue llamando democracia. Se ha perdido mucha dignidad, ciertamente.

En lo regional también hay candidatos variopintos para escoger. Será el ciudadano el único que a consciencia determine el rumbo de Granada y del Meta; dirá si quiere de lo mismo (desencanto, desgreño y corrupción), o si le dará el giro de 180 grados que las Administraciones de Gobierno necesitan con urgencia. Es en lo único que todavía manda el pueblo, a pesar de las triquiñuelas que se usan para manipular los votos en las urnas.

¡Que Dios ilumine a los granadinos este domingo a la hora de escoger a sus autoridades regionales!