TRES AÑOS DE BATALLA PERIODÍSTICA

Por: Jairo Cala Otero

Hacer empresa en Colombia no es nada fácil. A las adversidades económicas que se interponen en el camino para ejecutar ese sueño, se suman los fatigantes trámites, y el papeleo que la jurisdicción legal y comercial demanda de los emprendedores. Por esa sola razón las personas que sacan adelante un proyecto empresarial, al comenzar desde abajo, enfrentando todas las vicisitudes y los enredados procedimientos que exige el Gobierno, deberían ser premiadas con la Cruz de Boyacá.

Porque es una cruz la que se echan encima por su cuenta y riesgo. La asumen con estoicismo y valentía, sin miramiento alguno. Solamente tienen su mente y su vista puestos en un norte claro, porque quieren progresar, quieren sobresalir para superar escollos. ¡Son admirables esos seres que así proceden! En ese ramillete, y con los aplausos que tienen bien merecidos, están quienes hace tres años emprendieron el camino para trazar una ruta comunicante para todos los granadinos y ariarenses. De la inquieta mente de Divar Briceño Millán, y la solidaria acción de Liliana Benavides Torres, nació el semanario Reportero de los Hechos, el mismo que hoy colma de información veraz y oportuna, todas las semanas, a miles de llaneros que, ávidos de conocer qué ha pasado en su entorno, buscan en los puestos de expendio cada edición el sábado.
Yo sé en qué andan metidos estos dos compatriotas porque viví largo tiempo en el «vientre» de varios medios periodísticos del país. No me queda difícil saber que ellos pasan «las duras y las maduras»; que hay momentos en que los vientos soplan tan fuerte, que provoca abandonar la causa y salir corriendo; que hay días de ánimo bajo ante la deslealtad de clientes y anunciadores, que no pagan la publicidad contratada y con ello se roban el trabajo y el esfuerzo hecho con honradez; que algunos avivados pretenden sacar partido para ellos, con la errónea creencia de que un informativo puede ser el lomo de una bestia sobre la que se cabalgue gratuitamente; otros creen que los periodistas son acusadores y jueces que juzgan y condenan a los demás porque les pega la regalada gana, cuando apenas son canales de información que las autoridades y otras fuentes utilizan para hacer conocer las noticias que suceden en el entorno.
Como periodista sé que este es el oficio más ingrato de cuantos existan, pero el más digno de todos los demás. Ingrato porque se reciben muchos vilipendios y poca gratitud de los que reciben el beneficio de estar bien informados, o por obtener un servicio que otros no están en capacidad de prestarles; mucho menos se consiguen los raudales de dinero que la gente del común cree que el periodismo da. Hay muchas veces en que se tiene que escribir noticias con el estómago pegado al espinazo, porque en periodismo no hay tiempo para la formalidad en el consumo de los alimentos, así como las noticias no dan aviso ni tienen horario para suceder. Y es el más digno, lo cual balancea un poco la inequidad natural generada, porque en ninguna otra profesión se siente tanta satisfacción de servirles a los demás sin ningún interés particular, como en el periodismo.
Por eso este arte de comunicar está hecho apenas para almas nobles, para seres de entereza en su espíritu y de vocación de entrega a los semejantes. Por esa razón muchos claudican, y se dedican a vender empanadas, o qué sé yo, pero no vibran desde dentro porque no tienen las condiciones para ser serviciales y entregarse por los demás.
Desde la bravía tierra de Santander, en donde apoyo la titánica tarea que se desarrolla en Reportero de los Hechos, va mi voz de aliento para sus promotores, para que no desmayen; y para sus colaboradores para que cada nota la escriban con alborozo en sus almas. Va también mi felicitación porque tres años parecen poco tiempo, pero medidos desde la óptica de lo que uno aprende en este arte de la comunicación, son un largo recorrido por la historia y los sucesos de cada región. ¡Enhorabuena!