Noche buena en la selva: relato de un soldado de Colombia

*”Como sé que la luna que se posa sobre mi cabeza, es la misma que se posa sobre mi familia y las estrellas del cielo son los compañeros que ya se fueron, esta noche buena no me sentiré solo, porque desde la distancia y el cielo ellos me acompañan”.

SLP Tarazona José Alberto – Brim N° 6 – algún lugar de las selvas del Caquetá

La noche oscura empieza a caer, la maraña agreste nos traga como de costumbre y los animales de la selva inician su concierto noctambulo, todo es normal, salvo el llamado inconfundible del hambre cuando acosa nuestros estómagos, todo debido a la tardanza del ranchero que extrañamente hoy no sirvió la cena a la hora acostumbrada, mi sargento Botía preocupado por la seguridad de la sección y por el alboroto que podría causar la tropa al cenar a oscuras, exponiéndonos ante el enemigo, acude sigiloso ante el ‘ranchero’ y entre susurros pregunta ¿Solórzano, que paso con la cena hoy, se le pegaron las sábanas?, Solórzano sorprendido y mostrando en su rostro una risa a medias lo mira a los ojos y le responde, “mi sargento, hoy quiero hacer algo especial para los muchachos, acuérdese que hoy es 24 de diciembre”, de forma inmediata como si Solórzano hubiese cacheteado a mi sargento, este reacciona  alzando  sus cejas y fijando una sonrisa en su rostro como si a su cabeza retornaran recuerdos alegres de navidades pasadas al lado de sus seres queridos y responde, “está bien pero esta ‘joche’ para servir antes de salir a la avanzada”.

Como si lo hubiese planeado desde hace tiempo, Solórzano saca la última ‘jamoneta’ que quedaba desde el abastecimiento anterior, la destapa y minuciosamente la divide en 24 pedazos iguales, alista el arroz y las papas saladas aun calientes por el fuego de la cocineta de gasolina y tácticamente empieza a llamarnos uno a uno, anunciándonos que la cena estaba lista, para nuestra alegría el ‘ranchero’ aún tenía algo más con que sorprendernos, de su equipo saca un sobre grande de mayonesa que había comprado la última vez que pasamos por un pueblo y con la creatividad de un chef profesional, adorna nuestro ‘menaje’ con una cara feliz que apenas se puede distinguir en la oscuridad y entre susurros nos dice “feliz navidad muchachos”.

A algunos los tomo por sorpresa, ya que como mi sargento Botía no recordaban la fecha, pero fue en ese preciso instante en el que el mal de selva dejo nuestras mentes por un momento y la rutina diaria se convirtió en una pausa de felicidad para nuestro diario vivir.

Terminada la cena especial, como estaba programado, arrancamos con la avanzada hacia un lugar en el que presuntamente terroristas del frente 63 de las Farc tenían un laboratorio para el procesamiento de coca, la orden era asegurar el lugar para que al día siguiente la compañía ‘Cronos’ que estaba al costado opuesto, ocupara el lugar y destruyera el sitio, en ese momento mis recuerdos alegres al lado de mi familia se diluyeron  con la preocupación de todo hombre que sale a patrullar en medio de la noche con un fusil en sus manos, dispuesto a defender su vida ante otro  que se la quiera arrebatar.

Así inició nuestra celebración de navidad aquella noche, mientras el resto de la humanidad se preparaba para recibir la llegada del niño dios, nosotros, nos internábamos cada vez más en la inhóspita maraña,  implorando protección divina para que esta noche no fuésemos víctimas de una bala, de un animal ponzoñoso o de una mina, como le ocurrió a mi compañero ‘palito’ que hacía 13 días había caído en un minado, aún recuerdo con preocupación aquel día en que ‘palito’ sin percatarse haló con su pie una hebra de nylon que activó una granada hechiza, sin embargo, me reconforta la idea que las heridas no fueron tan graves y le dieron el boleto de salida para ir a la civilización y visitar su hogar.

Volviendo a la realidad del momento, estamos próximos al sitio del objetivo, mi sargento ordena montar el dispositivo de seguridad aproximándose las dosde la madrugada, inicio en el primer turno de centinela cerca de una cañada, con sigilo, ubico un lugar para ocultarme y vigilar, mientras observo algunas siluetas imaginarias que al instante se desvanecen tras el caminar de un armadillo o el corretear de alguna lapa, escucho pasos sobre la hierba muerta y húmeda que me exaltan, pero que luego se alejan como un animal asustado y me calmo.

Con el pasar de las horas, en el silencio infinito de la oscuridad, recuerdo que hace algunos años, por esta misma fecha y a esa misma hora, me encontraba en la sala de mi casa, reunido con toda la familia y con mi novia, la que hoy es mi esposa y la madre de mi hija, aunque en ese momento no habían regalos ni comida en exceso, hoy, gracias a mi trabajo ellos podrán pasar una noche buena con todas las de la ley, mi niña podrá tener la muñeca que me pidió en la última carta que me envió y mis padres podrán construir el cuartico que siempre quisieron para los dos.

Así pasó mi 24 de diciembre, imaginando una fiesta en que por este año no pude estar pero con la reconfortante idea en mi mente en la que una y otra vez repetía: “Como sé que la luna que se posa sobre mi cabeza, es la misma que se posa sobre mi familia y las estrellas del cielo son los compañeros que ya se fueron, esta noche buena no me sentiré solo, porque desde la distancia y el cielo ellos me acompañan”.

Fuente: Ejército Nacional de Colombia