Los hurtos en la región del Ariari son un tormento

Varios de ellos han ocurrido en las últimas semanas en Granada y Puerto Lleras

Angustiados por la inse­guridad que padecen se encuentran los habitantes de diferentes municipios del Ariari, pues en las últimas semanas han notado un au­mento en los hurtos a esta­blecimientos comerciales, en las zonas urbanas y en varias fincas que componen el área rural de esas pobla­ciones.

Para citar solo un caso se puede mencionar el pasaje sufrido por los propietarios del almacén Tornillos P&P, del municipio de Granada, cuando varios bandidos, en horas de la madrugada del pasado domingo 26 de mar­zo, corrieron una de las te­jas e ingresaron al local. De allí hurtaron pulidoras, tala­dros, soldadores, además de varias herramientas que estaban expuestas allí para ser vendidas. Lo que no se explican quienes allí trabajan es cómo nadie se enteró de lo sucedido, pues al correr tejas y sacar los materiales los antisociales debieron de hacer ruido. Pero, dicen, nadie escuchó nada, ni vio nada.

Así mismo, en Puerto Lle­ras, municipio perteneciente al Ariari, sucedió otro hecho que indigna a todos sus ha­bitantes. Las víctimas fueron cinco personas pertenecien­tes a una misma familia, que habita en una finca cercana al casco urbano. Allí, llega­ron dos hombres, en horas de la noche, amordazaron a los huéspedes, entre ellos una niña de 8 años; explora­ron por toda la casa, y roba­ron $4 800 000 en efectivo.

Los afectados dijeron que los dos hombres tenían contextura gruesa y corte de pelo militar, y que por su forma de hablar se no­taba que podría tratarse de integrantes de las Fuerzas Militares. Además, en el momento en que se estaba cometiendo el hurto uno de ellos llamó a su compinche por el apellido González, estilo de lenguaje que so­lamente se utiliza entre los integrantes de la Fuerza Pública colombiana. De ser eso cierto, la preocupación entre los ciudadanos au­menta ya que, según dicen, son los policías y militares los encargados de prestar la seguridad necesaria a cada uno de ellos. Pero si ellos se corrompen, la seguridad se quebranta por completo.

Los ariarenses esperan que las autoridades y las Alcal­días de cada municipio to­men medidas seguras frente a la inseguridad reinante, para que el índice de robos disminuya; así no se segui­rían vulnerando los dere­chos de cada uno de ellos. Cada robo acaba el patrimo­nio de las personas honra­das, que han trabajado toda su vida para obtener esos beneficios económicos, pero en tan solo pocos minutos se acaban en manos de per­sonas malas y faltas de as­piraciones sanas.