Lenguaje correcto

Fenicio se topó con un par de viejos amigos, en una cafetería. Ellos lo invitaron a tomar café, y emprendieron con él una conversación sobre su empeño: enseñar a usar bien el idioma español. Uno de sus acompañantes propuso que hablaran sobre aquellas oraciones que tienen mala construcción gramatical, es decir, que no obedecen a un claro orden.
-Usted quiere, entonces, que hablemos de la sintaxis-, anotó Fenicio, al instante.
-¿Qué es sintaxis? – preguntó el segundo amigo.
-Es la parte de la gramática que enseña a coordinar y unir las palabras para formar las oraciones y expresar conceptos – respondió el cultor del idioma.

Aquel que había hablado primero hizo su aporte:

-A la entrada de una obra en construcción leí un letrero que decía: «Uso de casco obligatorio». Si nos diéramos a la tarea de preguntar, en distintas partes, por los famosos «cascos obligatorios» ¡no los encontraríamos jamás! Porque el letrero aquel fue escrito sin sintaxis, sin coordinación de las palabras. ¿Verdad, Fenicio?
– Así es. Debieron escribir: «Uso obligatorio de casco». Porque, efectivamente, no existen los ‘cascos obligatorios’. En cambio, en materia gramatical, estamos «obligados» a ubicar bien las palabras en toda oración.
– Chistoso el aviso que yo leí ayer en un almacén del centro. Dice: «Tenemos bolsos para damas de cuero de cocodrilo» – anotó el otro caballero -. Un aviso comercial como este llamará poderosamente la atención. Pero no despertará interés entre las mujeres – insultadas, de paso – puesto que no habrá ninguna con «cuero de cocodrilo» que desee ingresar a ese almacén. Aquí no funciona aquello de que «el orden de los factores no altera el producto», puesto que en estos casos sí se altera el sentido de las oraciones. Pudieron haber usado una coma después de la palabra damas; o haber escrito: «Tenemos bolsos de cuero de cocodrilo para damas».

Del bolsillo de su camisa, Fenicio extrajo una hoja de cuaderno, cuidadosamente doblada. Tenía varias anotaciones las cuales leyó, secuencialmente.
– Oigan: «Nos llegaron camisas para hombres de satín». ¿Cómo les parece? Como no existen los «hombres de satín», en el almacén que promocionan tales camisas se van a quedar con ellas hasta que las polillas las desaparezcan. «Nos llegaron camisas de satín, para hombres», es el orden correcto de esa oración. O, simplemente: «Nos llegaron camisas de satín». Esta última opción es para quienes alegarían que las mujeres no usan camisas. Aunque muchas de ellas sí usan camisas, y de satín, por cierto. Con estas formas de escritura lucirán elegantes no solamente los hombres que usen esas camisas, sino nuestro bello idioma.

Oigan esta otra: «Vendemos máquinas para coser industriales». ¡Tremebundas esas máquinas! Promocionarlas así hace que ningún industrial se aventure a entrar a ese almacén, porque podría resultar cosido. Es mucho mejor escribir «Vendemos máquinas industriales para coser»; o «Vendemos máquinas para coser, industriales». En el último caso la coma (,) obra el «milagro». Mucha gente se olvida de los signos de puntuación, esos no son «adornitos» caprichosos junto a las letras. Son complementos no solamente útiles, sino necesarios; la falta de alguno de ellos en el lugar en que debe estar puede ser fatal y deslucir una oración gramatical.
Pero esto no acaba aquí. Hay una tercera oración sin sintaxis: «Caminadores para ancianos de cuatro patas».
– ¡Qué barbaridad! ¿Dónde viven esos ancianos cuadrúpedos? – anotó uno de los acompañantes.
– En ninguna parte, no existen – advirtió el lingüista -. Lo que sucede es que el aviso carece de sintaxis. Son los caminadores los que tienen cuatro patas; son aparatos que usan los ancianos que, precisamente por sus flaquezas físicas, se ayudan con ellos para sus desplazamientos. Bien. Siguiendo con los anuncios comerciales, oigan este otro que leí en un almacén especializado en artículos para mujeres – dijo -: «Carteras para damas de puro cuero». Como otro que ya analizamos, este habla de «mujeres de puro cuero». No nos imaginamos en qué parte del planeta puedan existir tales seres humanos. Pero con una coma el asunto queda arreglado: «Carteras para damas, de puro cuero». O mejor aún: «Carteras de puro cuero para damas».
Los dos amigos de Fenicio tomaban café, entusiasmados. Gozaban escuchando los gracejos que resultaban de tales avisos mal elaborados. A uno de ellos se le ocurrió, entonces, preguntar si el nombre de un programa que él escuchaba regularmente estaría bien utilizado.

– El programa se llama «Amanecer con Dios dominical». Lo transmiten por una emisora que yo sintonizo con frecuencia. Pero a mí me suena raro, como que no «cuadra» la sintaxis en el nombre…- aclaró.
– No «cuadra», como usted dice, porque no se tuvo en cuenta la coordinación de las palabras. Es sugestivo y todo lo demás que se quiera. Al no existir coordinación de palabras, se sugiere que Dios tiene el carácter de «dominical», es decir, apenas existe los días domingos, o para los domingos; o que Dios tiene un apellido: dominical. Como la compañía de Dios la tenemos todos los días, la expresión será mejor si dice: «Amanecer dominical con Dios». Así, la expresión nos indica que el amanecer al que se hace alusión es el del domingo (día en que se realiza el programa); y que ese amanecer es con Dios. Quiera Él que la enmienda que aquí hacemos también la apliquen en aquella emisora.

Miró su reloj de pulsera. Era hora de volver al trajín laboral. Fenicio se despidió, no sin anunciar a sus contertulios que volvería a platicar con ellos sobre otros aspectos del español, su tan querido idioma.