El petróleo derrumbaría al Ariari

Redacción: Carlos Osorio

Petróleo o más impuestos es el falso dilema que plan­tean o dan a entender fun­cionarios del nivel central. La amenaza es clara: o se sigue explotando petróleo como sea o los colombia­nos tendrán que suplir los ingresos por esta actividad pagando más impuestos. Un ultimátum de esta naturaleza refleja dos cosas: la ausencia de criterios de sostenibilidad y responsabilidad ambiental de las entidades pertinen­tes de las esferas centrales y la función de extracti­vismo que imponen a las regiones a como dé lugar. La oposición de las regiones a la actividad petrolera no es producto de un capricho ni del fanatismo ambienta­lista, menos que endilgarle intereses políticos. Afirmar eso es un acto de arrogan­cia centralista y un insulto a la inteligencia regional. Los habitantes, organizaciones y entidades de las regiones tienen criterios y argumen­tos para fijar sus propias po­siciones con el único interés no sólo de promover la con­servación de los recursos naturales, sino de garantizar un desarrollo sostenible que beneficie a las presentes y futuras generaciones. Las cuentas del petróleo solo le son claras para el Gobierno nacional. El balance ambien­tal es deterioro de los recur­sos naturales y afectación de las fuentes hídricas y, en síntesis, reducción del equi­librio de los ecosistemas a mediano y largo plazo. En el balance el déficit es alto en contra de las regio­nes donde se explota este mineral, especialmente en el bienestar social. Según datos del DNP, presentados por su Director en Granada, Meta, en el evento “Diálogo Regional para la Construc­ción del Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018”, la pobreza en los Llanos es del 64%, superior al promedio nacional (48.9%), medida por el índice de pobreza multidimensional que refleja la carencia de los principales factores que propician una mejor calidad de vida. En el sector rural de los Llanos hay tanta pobreza como petró­leo: 80.1%, cifra vergonzosa que pareciera no corres­pondiera a la principal re­gión petrolera de Colombia. Miremos otros datos. En términos de competitividad, los principales departamen­tos productores de petróleo de Colombia están en la cola en el escalafón nacional eva­luados en 2016, según el Consejo Privado de Compe­titividad. Y un departamento de bajo desempeño en el crecimiento económico de Colombia. Situación que re­fleja la escasa diversificación de sus economías y de las exportaciones, factores en los que también están de coleros en la clasificación de la competitividad nacional. Es decir, el petróleo tampo­co contribuyó a diversificar y a hacer más competitiva la economía regional, tema que debería ser prioridad como política del Gobierno nacional para evitar la de­pendencia absoluta del pe­tróleo como fuente fiscal. El Gobierno nacional extra­vió el eje del desarrollo que el mismo estableció para la región en el Plan Nacio­nal de Desarrollo: ´Creci­miento y bienestar para los Llanos: medio ambiente, agroindustria y desarrollo humano´. Así las cosas, las brechas sociales, económi­cas y ambientales en lugar de cerrarse se ampliaron. Llegar ahora al Ariari con la visión colonialista petrolera de ´Tierra a la vista´ sería la hecatombe social, económi­ca y ambiental y arrasar con una de las regiones con ma­yor potencial agrícola de los Llanos y del país.