A rescatar el valor de la familia

Por: Divar Briceño

A quien sabe gobernar bien su casa, seguramente esa experiencia le sirva como base para gobernar a un pueblo. No hay duda de que la familia es la base de una sociedad, por eso es por lo que cada día debemos trabajar más para lograr que los valores humanos, éticos, espirituales y los principios morales sean establecidos en cada hogar para que las generaciones futuras estén aferradas al valor de una familia.

Es una tarea dura, sí, pero no imposible, más cuando hay hombres y mujeres con capacidades para liderar esos procesos, no solamente predicando el mensaje, sino también mostrándolo con su ejemplo, es decir, poniéndolo en obra.
«Es urgente que demos ejemplo a nuestros niños para que ellos sigan nuestros pasos, no podemos seguir permitiendo que la familia pase a un segundo plano, y que no se interesen en conservar los hogares». Así lo pregonaba un viejo hace unos días mientras sepultaban a su esposa, una mujer que vivió junto a él durante 65 años. El mismo viejo repetía y repetía una frase que causó curiosidad entre los asistentes al funeral: «Qué bueno fuera que nuestros líderes religiosos, políticos o quienes ocupen cargos públicos dieran ejemplo con familias bien constituidas».

Nos preguntamos si, acaso, ese hombre no tiene la razón. En verdad lo que está haciendo falta es que le prestemos más atención a los hogares constituidos por un hombre y una mujer, en donde nazcan hijos como fruto del amor y se críen en armonía familiar. Creemos que la mayoría de ciudadanos de buenas costumbres estamos de acuerdo en que es urgente volver a los códigos del ayer, cuando la moral, los valores intrínsecos de cada individuo y la ética eran estandartes que salvaguardaban a toda persona del mal y del caos. Nos hemos dejado llevar (empujados, claro) por el aluvión de los intereses individualistas y egoístas de una sociedad mercantilista; una sociedad de una absoluta minoría, cuyo único objetivo es amasar cada día más y más dinero a expensas de la ingenuidad de la inmensa mayoría que cae en sus redes. Como zombis corrimos a librar la batalla por lo estrictamente material (posesiones, lujos, aparatos tecnológicos que han embobado a la gente), y dejamos tirados los principios rectores de una vida digna y decente.
Así que lo único que nos queda es empezar de nuevo la obra para no permitir que el valor de la familia se siga extinguiendo hasta apagarse.

En esa misión tenemos que participar todos: educadores, padres de familia, religiosos, políticos decentes y de buena resolución moral, hijos, estudiantes, trabajadores… Si dejamos el rescate de la sociedad en manos de quienes manejan los hilos del Gobierno, no tendremos muchas esperanzas, pues ya sabemos cómo lo hacen y para qué lo hacen.