«Hasta pronto, al hombre que nunca se cansó de decirme, te amo», Patricia Cuenca

El pasado 5 de mayo, el reconocido, respetado y admirado comerciante Raúl Londoño Moreno, partió a la eternidad tras permanecer por varios días en una clínica de la capital del país.
Casado desde sus 22 años, con la mujer que fue el amor de su vida en la tierra y que lo seguirá siendo eternamente en el cielo, este hombre entregado a su familia y a sus principios dejó el mundo terrenal a sus 66 años. Su esposa Patricia Cuenca de Londoño, cuenta con alegría que su vida junto a él fue siempre muy feliz. Se casaron en el año 1973, cuando ella contaba 15 años, desde entonces y hasta su último respiro ella permaneció a su lado como su mayor bastón, apoyándolo y dándole amor.
De su unión y fruto del amor, nacieron 3 hijos varones, a los que Patricilla llama su herencia y mayor bendición. Durante su relación de más de 45 años, estuvieron juntos compartiendo los buenos y malos momentos, para ellos los errores nunca fueron importantes, siempre prevaleció el amor, «hasta su último momento siempre me dijo que me amaba, a los médicos les dijo, miren al amor de mi vida y a su hijo le dijo, le entrego mi tesoro».
Como hombre de principios y valores, siempre fue muy responsable con sus obligaciones y familia. Trabajó con el municipio de Granada, luego se desempeñó como pagador del Colegio Mayor de Cundinamarca, después en la ciudad de Ibagué, junto a su esposa formaron su propia empresa. Posteriormente trabajó en Caminos Vecinales, donde permaneció por 10 años, desempeñándose como inspector de carreteras. Finalmente se radicó en Granada y junto a su esposa sacaron adelante la popular Papelería Patty. Fue además concejal de Granada por un corto periodo y desde hacía años y hasta el momento de su deceso presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio Centro.
Gracias a su gran carisma y trabajo social, hoy días después de su partida, la comunidad lo sigue recordando con cariño y agradecimiento. «Era una excelente persona, un ser que quería lo mejor para la comunidad, para su gente, nunca pidió para él, pidió para los demás. Yo le decía «Negro», porqué eres tan amplio, y él respondía que esa era su condición humana y que quería servirle a su comunidad. En su despedida no tengo sino palabras de agradecimiento con este pueblo que le dio una despedida increíble, fueron tantos mensajes y palabras bonitas para él, que donde esté debe sentirse como un pavo real», Patricia Cuenca.
Además de su esposa y de servir a su gente, en la vida de Raúl existía otra gran pasión, el fútbol. Vestía con orgullo la camiseta de su Millonarios del alma y por su puesto la de la Selección Colombia. Gracias a su gusto por este deporte, pudo trabajar con el Inder y luego como presidente de la Fundación Fútbol del Ariari, para niños, donde gozó y disfrutó del cariño de los pequeños.
El sancocho de gallina criolla y el pescado fueron sus platos favoritos, y las fechas especiales compartir con su familia. Nunca tuvo un lugar predilecto para ello, porque para Londoño cualquier sitio o momento que se prestara para estar en comunión con sus seres queridos y amigos era especial y lo aprovechaba al máximo.
«Liberal de trapo rojo hasta morir, a él le fascinaba esa camisa roja. Su política fue su gran debilidad, venía de una familia política, se conformaba con un abrazo y nunca pidió nada para su beneficio, aun teniendo amigos como el doctor Alan Jara, Jorge Ariel, Luis Carlos, Darío Vázquez. Siempre le preguntaba porque le gustaba esa política y él decía que era su debilidad y su hobby. A pesar de que tuvo muchas decepciones nunca dejó de servir, eso se vio reflejado al momento de su despedida, cuando al lado de su féretro tantas personas le expresaron palabras de agradecimiento», dijo Patricia.

Sus hijos, Boris Raúl, Cristian Eduardo y Julio Eduardo fueron criados en un hogar cubierto por la presencia de Dios, de principios y con reglas muy estrictas, pero sobre todo con mucho amor. Ellos le dieron cuatro nietos que se convirtieron en su vida entera, son esos pequeños la razón por la que su esposa Patricia Cuenca, dice debe seguir adelante, enseñándoles su legado y mostrándoles el camino, tal cual lo hizo su abuelo en vida.
La frase que más repetía llevaba esa palabra mágica que llena el corazón de cualquier ser humano, «Negra, te amo», gracias a eso y a sus incontables detalles y muestras de afecto, respeto, consideración y compromiso, la llama del amor en su matrimonio nunca se apagó. «Yo le decía, «Negro», tu siempre serás el amor de mi vida, él me respondía, tu para mí también».

Su matrimonio fue un ejemplo a seguir para muchos, «un amigo nuestro me dijo un día, ‘doña Patricia quiero que usted sea mi madrina y don Raúl mi padrino, porque yo quiero que ustedes sean ejemplo en mi vida de matrimonio’, cual sería nuestra sorpresa que era para padrinos de bautizo, eso nos hizo sentir muy honrados y orgullosos. Fuimos los padrinos de bautizo de otra niña, él luego fue el padrino de confirmación y de grado, y cuando se fue casar lo buscó y le dijo que quería que fuera el padrino de matrimonio, yo le dije mamita usted no se cansa de tener ese padrino, ella dijo muy alegre ‘no, porque que mi padrino es mi ejemplo, mi padrino es mi apoyo’, cuando estábamos en el matrimonio nos llevamos la sorpresa de que además de ser los padrinos de la novia también íbamos a ser los padrinos del novio. Ellos lo acompañaron hasta el último momento». Todas esas anécdotas narradas por su esposa, son las que la hacen sentirse orgullosa y privilegiada de haber tenido la dicha de compartir gran parte de su vida con Raúl Londoño, un hombre ejemplar y virtuoso.

El cuerpo de Raúl fue velado en la Casa de la Cultura José Eustasio Rivera del municipio de Granada, donde permaneció durante un día, luego fue trasladado hasta el Concejo municipal, lugar donde le fue rendido un homenaje póstumo. Finalmente se realizó una eucaristía en la Catedral del municipio, y llevado hasta la ciudad de Villavicencio donde fue cremado.