Familiares sepultaron a campesinos víctimas de mina antipersona

Un granadino pariente de uno de los fallecidos habló con Reportero de los Hechos, y manifestó su rechazo frente al episodio que provocó la muerte de su ser querido


Eran las 6 y 30 de la tarde del martes 5 de junio, cuando habitantes de la vereda Agua Bonita, del municipio de Calamar, Guaviare, se comunicaron con el comando del Batallón de Selva Camacho Leyva, para anunciar la tragedia.

Minutos más tarde, unidades de esta institución llegaron al lugar para encontrarse de frente con la macabra y desalentadora escena. Ellos, de inmediato establecieron que la muerte de los dos campesinos se desencadenó a causa de la activación de explosivos que se encontraban instalados en cercanías de la vivienda y los cuales iban dirigidos a tropas que hacen presencia en el sector, responsabilizando de inmediato, al Grupo Armado Organizado residual Frente Primero de las FARC, que delinque en esa zona.

Las víctimas que fueron identificadas como José David Cándelo Caicedo, de 56 años, natural de Buenaventura, Valle del Cauca y Juan de la Cruz Hernández Virgüez, de 54 años, oriundo de Caparrapí, Cundinamarca, estaban en el lugar realizando labores de limpieza en una finca de su propiedad, cuando uno de ellos pisó el explosivo que de inmediato acabó con sus vidas. Sus cuerpos estaban a pocos metros de donde se produjo la detonación, y evidenciaban la magnitud de lo que había sucedido.

El comandante de la Policía Guaviare, coronel Miguel Ángel Botina, dijo que cerca de la casa hay un solar, y una especie de bodega donde colocan tradicionalmente material agrícola, y que fue justo ahí donde los terroristas ubicaron el explosivo que segó la vida de los dos agricultores.

Juan de la Cruz Hernández, vivió gran parte de su vida en Calamar, Guaviare, allí junto a José David, cultivaron la tierra y criaron ganado para su sustento y el de sus familias; al momento de su muerte se encontraban realizando un trabajo de la mano con el Gobierno, como beneficiaros de un proceso de restitución de tierras. Ellos además de ser socios y amigos, eran hijos, padres y hermanos, dos campesinos de semblante alegre, espíritu tranquilo y gentil. Su muerte, causó conmoción no solo entre sus familiares, sino entre la población del sector que aún no asimila lo sucedido aquella trágica tarde.

De la Cruz Hernández, tenía tres hijos, algunos de sus familiares residen en Granada, y afirmaron que tanto él como José David, no fueron más que dos víctimas inocentes que se suman a la larga lista de vidas que durante años ha cobrado la guerra entre grupos armados de los cuales ellos no tenían nada que ver. «Uno nunca se imagina que una cosa de esas le suceda a un familiar y menos en el patio de su propia casa. Mi tío Juan, era una persona muy tranquila, le gustaba vivir en el campo con sus animales y viendo televisión», expresó desalentado uno de sus parientes.