Familia desplazada, clama por ayuda para levantar su casa

Cuando llueve las tejas ´salen a volar´, las camas se mojan, la cocina se inunda y deben pasar la noche en el único rincón de la casa donde no alcanza a llegar el agua

En un lote que invadió hace más de 10 años, levanta­do con palos y guaduas y encerrado con lona verde, vive Carmen Cecilia Quitian de 56 años, su madre Ma­ría Luisa de 80, su sobrina de 32 que padece de epi­lepsia y sus pequeños hi­jos de 3 y 5 años.

Carmen desde hace 12 años tuvo que abandonar­lo todo y junto a su madre salir huyendo del conflicto armado que por esos tiem­pos se vivía en la vereda Guayabero de San José del Guaviare. Misma guerra que ya le había arrebatado a muchos de sus familia­res, desaparecido a dos de sus hijos cuando contaban tan solo 14 y 16 años y que además amenazaba con cobrar su vida también.

Con una pequeña maleta en la que guardaba unas cuantas prendas de vestir para ella y su mamá, llegó hasta Puerto Concordia, allí realizó la declaración de desplazados y siguió su camino hasta el municipio de Granada. Empezó a tra­bajar en casas de familia, pero el dinero que ganaba no le alcanzaba para pagar un arriendo y las ayudas que recibía del Estado eran mínimas ante tanta necesi­dad.

Desde entonces residen en el barrio Luis Carlos Rive­ros y con la ayuda de per­sonas que le tendieron la mano, levantó una vivienda improvisada para ella y su familia; Tejas de zinc, gua­duas, madera y lona que ya cumplieron su vida útil, son la única estructura de la casa de Carmen. Cuando llueve, la vida que de por sí ha sido difícil para ellos, se hace aún más tediosa; Se han visto obligados a pasar la noche, escondidos en el único rinconcito de la casa donde no cae agua. El 98% del lugar se inunda, las tejas ´salen a volar´, la cocina, las camas se mojan y como si fuera poco no cuentan con un baño para hacer sus necesidades fi­siológicas, para ello deben desplazarse hasta la casa de la mamá de su sobrina que vive a una cuadra del lugar.

Allí se cocina con leña, pues los medios econó­micos no dan para com­prar un estufa y mucho menos una pipeta de gas; Subsisten con lo poco que Carmen gana de la venta de botellas, cartón y cual­quier material reciclable. Las ollas son cubiertas con blusas que ya no se utili­zan pues allí los insectos y animales de toda clase abundan, sobre todo los zancudos y las moscas.

Ni Carmen, ni su madre, ni su sobrina, reciben ayuda del Estado, pues según afirmó hace ya más de dos años que dejó de recibir el auxilio económico entrega­do por medio de la UAO, y las veces que se ha acerca­do la única respuesta que tienen para ella es que el sistema la rechaza. A su sobrina debido a la patolo­gía que la aqueja nadie le da trabajo y ella trabaja en casa de familia o en cual­quier oficio cuando se pre­senta la oportunidad.

Tal cual lo expresó desde el inicio de esta entrevista, ella no necesita de lujos, tan solo de la colaboración mínima de quien le pueda ayudar. Aquí la petición es sus propias palabras: «que me hicieran el favor y me colaboren al menos con los palos y el techo para poder levantar este rancho porque realmente cada vez que llueve nos toca hacer­nos en un rincón para no mojarnos (lágrimas). No necesitamos una casa de material, solo algo para que al menos cuando llue­va podamos dormir tran­quilos».

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A Carmen la pueden contactar comuni­cándose al número celular 321 485 2620.