Colores en el cielo

En Granada, existe un lugar donde usted puede adquirir la cometa del estilo y tamaño que desee, para que ponga a volar su corazón y espíritu

Es tradición en muchos países, que en el octavo mes del año, chicos y grandes salgan para adornar el cielo con pintorescas ‘naves’ que son piloteadas desde la tierra. La pasión por esta práctica milenaria, nació en China, hace más de 2.700 años. Sobre su origen se cuentan varias leyendas como la de un sombrero de bambú de un campesino que fue llevado por el viento, la vela de un navío o tal vez la obra del filósofo Mo Ti, que construyó una cometa con forma de ave que estuvo volando tres días como los pájaros.
Los chinos, realizaban esta práctica como ejercicio de meditación, pero no solo tenía uso religioso, sino que también era utilizada como arte de pesca a la cual le ataban un anzuelo y la echaban a volar sobre el mar; los militares la empleaban para dar señales en campo de batallas o para medir un campamento situado, incluso algunas crónicas dicen que hubo hombres que volaron en estas máquinas sobre ciudades.
Sin importar su verdadero origen o la veracidad de estas historias, Ángel María Castañeda, quien de manera casual y muy particular descubrió su talento para la fabricación de cometas, encontró en este arte una posibilidad de sustento económico para su familia. Él es un granadino de 75 años, con esfuerzo, alegría, creatividad, amor y mucha imaginación, se ha dedicado durante los últimos 20 años a la elaboración de estas bailarinas de papel.
La idea de hacer cometas nació una tarde cualquiera cuando junto a sus hijos se encontraba en su casa ubicada en la calle 27A número 6A-40, barrio Villa Salem de Granada; cuenta con alegría, «había una palma grande y entonces una tarde me fui para allá y tomé unos palitos para hacer uno de esos ‘chulitos’ que llaman, mis hijos estaban pequeños y empezaron a jugar y tratar de elevarlo cuando llegó un sardinito particular y me dijo, «porque no le amarra un chiro», le amarré el chirito y eso se elevó (risas), él me dijo porque no me la vende y se la vendí». No recuerda bien el valor, pero asegura que no fueron más de $200 pesos los que recibió por su primera mini cometa.
Desde entonces, Ángel no ha parado un solo año de crear cometas. Cuando sus hijos estaban pequeños lo observaban y poco a poco fueron aprendiendo su arte, hasta consolidarla como un negocio familiar en él que participan desde el más pequeño hasta el más grande. Las cometas son diseñadas por ellos mismos; el cohete, la flecha, la señorita, el zigzag, la m, son algunos de los nombres que en medio de anécdotas y buenos momentos les han dado a sus creaciones, «algunos nombres los he colocado yo, otros me han ayudado los mismos muchachos que las compran, por ejemplo con el cohete, primero dijimos que cañón y otras cosas más hasta que finalmente quedó cohete».
El proceso de elaboración de una cometa es minucioso y requiere de mucha práctica y dedicación: el primer paso es seleccionar las varas que son tomadas de la espiga de Caña Brava, luego son sometidas a un proceso de secado que con buen sol puede tardar al menos cuatro días. Posteriormente se pulen y cortan de acuerdo al tamaño requerido para luego amarrarlas. Todo esto es realizado por Ángel, quien sin duda es un experto en la materia. Para el pegado entran a jugar un papel sumamente importantes las manos magistrales de sus hijas, sobrinos y hasta nietos quienes son los encargados de fijar los elementos decorativos y ultimar detalles.
En la actualidad Ángel María y su familia dedican días y noches enteros para llenar el cielo granadino de miles de colores y como dice Ángel, «ganar para las panelitas», y mantener intacta esta bonita tradición como una oportunidad para compartir en familia, en especial con los más chicos.
«Me siento muy agradecido por este trabajo porque uno ya viejo eso ni lo ocupan y esto me da para las panelitas», expresó sonriente Ángel María.
Quien desee adquirir una buena cometa con la cual poner a volar su espíritu, puede acercarse a la calle 27A número 6A-40, barrio Villa Salem de Granada, allí Ángel y su familia los estarán esperando para brindarles la mejor atención y un producto de excelente calidad.
Y para quienes no tienen idea pero desean hacer volar a uno de estos pájaros de colores, aquí les contamos algunos secreticos que seguramente les serán de mucha utilidad.
Lo primero que se debe hacer para que la labor sea exitosa, es conocer la cometa, sus partes básicas; la cual está compuesta por un larguero y un travesaño en forma de cruz y es la que soporta la vela, el pedazo de tela o papel en forma de rombo; la brida, es una parte crucial que reparte la fuerza del viento y determina el ángulo de vuelo, ésta une la cometa con el hilo o línea de vuelo, que a su vez une la cometa con el cometero, y la cola que es el hilo más corto unido a un extremo del artefacto y se encarga de la estabilidad del mismo.
Como segundo paso se debe elegir el lugar donde se va a hacer volar, el cual debe ser lo más despejado posible, sin edificios o árboles del lado donde se origina la corriente. Si el terreno no es plano, lo mejor será subir a un punto alto para conseguir una corriente regular. Tenga en cuenta que entre más alta esté la cometa, mayor estabilidad de vuelo tendrá.
Una vez haya elegido la cometa y el lugar, entonces estará listo para hacer que vuele: aunque se puede practicar en solitario, volar cometas es algo que se hace mejor entre dos. En este caso el cometero se parará de espaldas al viento y su compañero se situará al frente con la cometa apuntando hacia el cielo y su cola estirada por el suelo. El cometero caminará de espaldas al viento soltando un poco de hilo y cuando haya dado unos 20 o 30 pasos pedirá al ayudante que suelte la cometa mientras tira del hilo fuertemente para hacerla subir y empieza a recogerlo hasta que ésta se sostenga en el aire. Cuando la cometa esté estable se puede empezar a soltar el hilo poco a poco para que suba más alto. Si el cometero novato está solo, puede probar suerte alzando la cometa con el brazo extendido y soltar el hilo a medida que ésta se eleva. Si no hay mucho viento, la opción es dejar la cometa en el suelo, apuntando hacia arriba con la cola extendida, caminar hacia atrás (con cuidadito) manteniendo la línea estirada y luego darle un fuerte tirón esperando a que se eleve.